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Nopales contra el hambre

Una planta suculenta que tiene la capacidad de crecer y desarrollarse de forma silvestre bajo condiciones climatológicas extremas

  • Por: REFORMA
  • 22 DICIEMBRE 2017 - .
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El cambio climático atenta contra la seguridad alimentaria.

El cambio climático atenta contra la seguridad alimentaria. La FAO anunció recientemente la promoción del cultivo del nopal como una de sus acciones directas en la prevención de la hambruna y deshidratación. 

El nopal es una planta suculenta que tiene la capacidad de crecer y desarrollarse de forma silvestre bajo condiciones climatológicas extremas.

“Además de proporcionar alimentos, el cactus almacena agua en sus palas, convirtiéndose así en un “pozo” botánico capaz de suministrar hasta 180 toneladas de agua por hectárea” según datos de la FAO. 

El organismo internacional convocó a expertos con el fin de orientar a agricultores y funcionarios públicos a hacer un uso más estratégico y eficiente de este recurso natural con frecuencia infravalorado. 

Como parte de sus esfuerzos por difundir el cultivo y consumo del nopal, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en colaboración con el Centro Internacional de Investigación Agrícola en las Zonas Secas, presentó el libro “Ecología, cultivo y usos del nopal”. 

Legado alimentario

El continente americano es centro neurálgico del nopal. Sus implicaciones sagradas se reflejan en el mito de la fundación de Tenochtitlán, cuidad erguida a partir del avistamiento de un águila, posada sobre un nopal, devorando una serpiente.

El arqueólogo Eduardo Merlo sostiene, en la primera parte del libro “El Nopal: Emblema Nacional”, que la cactácea formaba parte de la alimentación local desde hace 10 mil años. 

“Puede crecer de forma silvestre, no necesita cultivarse, y es de los alimentos más antiguos. Los nómadas de la región norte del País también se alimentaban de él y cuando había sequía comían de sus semillas y tunas”, puntualiza en la obra. 

Domesticada hace 9 mil años, las culturas prehispánicas conocían también sus cualidades medicinales de esta cactácea. 

Su jugo se consumía como paliativo contra la fiebre; su pulpa contra la diarrea y sus frutos como remedio para el exceso de bilis, según se documenta en el texto “Los alimentos mágicos de las culturas indígenas mesoamericanas”. 

Actualmente, en México, el consumo anual per cápita asciende a 6.4 kg, según datos de la FAO. 


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