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Como influye el apego en las relaciones amorosas

Se ha comprobado que el apego que desarrollamos en la infancia influye en el amor en la edad adulta

  • Por: REGINA LÓPEZ RIEGO
  • 05 NOVIEMBRE 2022 - .
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Las personas que desarrollan un apego seguro son aquellas que durante su infancia han podido explorar el mundo con la compañía de su cuidador.

Se ha comprobado que el tipo de apego que hemos desarrollado en la infancia con nuestra familia o cuidadores influye en cómo en la edad adulta nos vinculamos con nuestras parejas y en el tipo de relaciones que tenemos (sanas, de dependencia, tóxicas, etc.).

En el tipo de relaciones que tenemos no solo influye el tipo de apego, pero según la teoría del apego, este es un pilar importante en cómo se establecen este tipo de vínculos.

¿CÓMO INFLUYEN EN EL AMOR LOS TIPOS DE APEGO?

Si sintetizamos las categorías planteadas por esta teoría, podemos decir que hay un tipo de apego seguro y tres tipos de apegos inseguros; veamos sus características.

1. APEGO SEGURO

Las personas que desarrollan un apego seguro son aquellas que durante su infancia han podido explorar el mundo con la compañía de su cuidador y se le ha brindado esa ayuda, cuidados y seguridad cuando lo han necesitado. En este caso, el cuidador se siente cómodo con la cercanía necesaria para que el niño se desarrolle y este último genera en su cabeza los aprendizajes necesarios sin que aparezcan miedos ni dolor.

En un futuro, estas personas desarrollarán relaciones saludables, donde se identifican y hablan las emociones que siente él mismo y su pareja y donde se buscará el contacto con la pareja sin que aparezca miedo o ansiedad.

2. APEGO ANSIOSO

Estas personas se desarrollaron en su infancia con cuidadores que en ocasiones tenían la capacidad de ser cercanos, proporcionar la compañía y la seguridad necesaria en el niño para explorar el mundo y en otras ocasiones no fueron el sostén que necesitaban, provocando en éste comportamientos exagerados para llamar su atención. En la adultez estas personas experimentarán inseguridades, creerán que no merecen el amor que reciben y temerán ser abandonados y/o rechazados. Por todo ello acabarán teniendo relaciones donde generarán vínculos dependientes, sentirán celos y se generarán dramas en situaciones aparentemente inocuas.

3. APEGO EVITATIVO

En este caso, la persona en su infancia no sintió colmadas sus necesidades de amor y seguridad, además de, no recibir suficiente contacto físico o cariño. Todo esto puede ser resultado de que el adulto no es capaz de vincularse de una forma segura o porque por cuestiones de trabajo o familiares no estaba presente para generar ese vínculo.

En la adultez será desconfiado, huirá de los vínculos más íntimos, embotellará sus propias emociones y verá esa necesidad de vincularse como una debilidad. En estos casos, sus relaciones serán mucho más superficiales y les costará establecer la intimidad necesaria para resolver los problemas y dificultades que puedan aparecer en la pareja, sustituyéndolo por huida y distancia.

En ocasiones este tipo de apego se confunde con el apego seguro por la forma de llevar los duelos al terminar las relaciones, pero hay que tener en cuenta que el apego seguro si es capaz de contactar con las emociones propias del duelo (tristeza, enfado, etc.) mientras que las personas con apego evitativo las suprimen.

4. APEGO DESORGANIZADO

Estos niños han tenido cuidadores que han ejercido algún tipo de negligencia, ya sea algún tipo de abandono, violencia o insensibilidad hacia el menor. De esta forma no han sido capaces de hacer su función como sostén para el niño, generando en algunos casos miedo hacia el cuidador o rechazo, y, a su vez, este seguía necesitándolos para sobrevivir.

En la etapa adulta, estas personas tienen la necesidad de vincularse, pero, al mismo tiempo, temen constantemente el daño que les puede ocasionar la persona con la que se están vinculando. Por ello, cuando hay el más mínimo inconveniente tienden a rechazar a la pareja y/o romper rápidamente la relación. Tienen dificultades para regular e identificar sus propias emociones y/o las del otro, además de, los límites suyos y ajenos.

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