Mi País

Fentanilo: veneno, antídoto e infierno

Un grito de auxilio desde la zona cero de la epidemia

  • Por: EL PAÍS
  • 18 DICIEMBRE 2023 - .
  • COMPARTIR
Thumbnail

También es el principal símbolo de contraste entre las políticas de drogas que se siguen en ambos lados de la frontera.

Sonora

Channing Velázquez se acostó sobre la cama, cerró poco a poco los ojos y empezó a dejar de ver todo lo que estaba a su alrededor. "Me acuerdo de que me senté a ver televisión y todo se puso gris. Después, me quise parar y no podía moverme. Sentí que mi corazón palpitaba bien bajo. Todo se empezó a apagar, era como estar dentro de un túnel", cuenta.

Velázquez creció en Nogales (Arizona), una ciudad de poco más de 20.000 habitantes en la frontera entre México y Estados Unidos, sólo separada por el muro de Nogales (Sonora), su ciudad hermana y con 10 veces más población. Recuerda que era un muchacho inquieto y muy activo. Un día estaba jugando béisbol con sus amigos del barrio y llegó su turno para batear. Le pegó recio a la bola y llegó con facilidad a primera base. Siguió corriendo, pero se tuvo que barrer y se lastimó para alcanzar segunda. No pensó que fuera nada grave, pero su tobillo quedó resentido. Le recetaron Vicodin, un analgésico potente. Tenía 11 años cuando empezó todo.

Cuando tomaba el medicamento, su dolor desaparecía y sus preocupaciones, también. Dice que era como elevarse del suelo: lo bueno era muy bueno y lo malo no importaba. Cuando su cuerpo desarrolló tolerancia al Vicodin, se pasó a OxyContin (oxicodona), otra medicina para el dolor intenso. Todavía hasta ese momento, nunca se vio a sí mismo como un adicto. Sólo hacía lo que le habían dicho los médicos, hasta que de un día para otro, le cortaron la dosis.

TODO ACCESIBLE

A los 23 años, buscó drogas en la calle por primera vez. Fue fácil, todo mundo sabía dónde encontrarlas y a quién preguntar. Una pastilla de metanfetamina con fentanilo costaba solo 10 centavos de dólar, mucho menos que un chicle o una lata de refresco. Tenía un trabajo, una familia y la vida por delante. A los 26 años, cuando tuvo su primera sobredosis, ya lo había perdido todo. "Primero me dio miedo, pero lo más triste es que en un punto, lo aceptas y te dices a ti mismo ´me voy a morir", afirma.

No murió. Channing Velázquez despertó solo en su casa, desorientado y con la cara pálida. Alcanzó a inyectarse naloxona, una sustancia que revierte los efectos de las sobredosis por fentanilo y que le salvó la vida. Más de 107.000 consumidores de drogas no corrieron con la misma suerte en Estados Unidos, donde la epidemia por el uso de opioides mató el año pasado a una persona cada cinco minutos, según datos oficiales.

ANTAGONISTA DE OPIÁCEOS

La naloxona es un antagonista de los opiáceos: se adhiere a los receptores del cuerpo para los opioides, los bloquea y elimina sus efectos. Hace respirar a quien ha dejado de hacerlo, devuelve la consciencia a quien ha caído rendido y se ha convertido en un signo de esperanza en medio de la emergencia para usuarios, familiares y paramédicos. 

CONSUMO DISPARADO 

- En Estados Unidos, donde el consumo de opioides está disparado pero es reconocido como una crisis de salud pública, la naloxona está por todas partes, se consigue con facilidad y es clave para la reducción de daños.

- En México, donde el consumo de fentanilo es una realidad que se queda fuera de los discursos y los registros oficiales, el medicamento es igualmente necesario, pero es de uso restringido y encontrarlo es una misión prácticamente imposible.

- Y eso hace que cada vez más personas hagan el viaje al otro lado para traerlo o tengan que depender de donaciones para conseguir una dosis

- El veneno cruza la frontera todos los días. El antídoto también, pero en la dirección contraria.

DEJA TU COMENTARIO

MÁS EN LA TARDE

LA TARDE RECOMIENDA