Rápido y Curioso

Así es el microscópico ser que se reproduce en nuestro rostro

Hay miles de miscroscópicos seres que nos acompañan

  • Por: AGENCIAS
  • 10 JUNIO 2019 - .
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La apariencia del Demodex folliculorum es parecida a la de un inofensivo gusanito.

Aún cuando se piensa que uno está completamente solo, nunca es así. Al leer, ver una película o simplemente divertirse realizando algo solo, hay miles de miscroscópicos seres que nos acompañan. Animales que miden 0,3 milímetros, que se esconden en nuestros poros y se alimentan de la grasa que se desprende de nuestro rostro.

Pero tranquilidad, que a pesar de no tener problemas en reproducirse con sus semejantes sobre el rostro de otro animal, este es un ser sumamente respetuoso.

Debido a que, tras alimentarse en las zonas más grasosas de nuestro rostro, como lo son las mejillas, la nariz y la frente, en vez de defecar sobre la piel humana que les brindó alimento, no lo hacen y se guardan en su interior sus excrementos hasta su muerte, que es dos semanas después de su nacimiento.

Esto seres que habitan el rostro de todas personas y de muchos otros animales, tienen una sola excepción a la hora de buscarlos en la piel de seres humanos. No se encuentran en los bebés. Y no es porque no les guste su grasa, sino porque simplemente no nacemos con ellos en nuestra piel. Ellos se traspasan a través de nuestros primeros contactos con nuestros padres y familiares.

Para quienes ya se empiecen a preocupar por su presencia y se hayan tocado la piel de su rostro más de una vez buscando sacarlos, es importante acotar que estos animalitos no representan una amenaza para nosotros. Al menos que se acumulen en cantidades gigantescas, pudiendo ocasionar ahí una demodicosis o sarna demodéctica. Pero que no cunda el pánico, que por algo los griegos crearon su nombre con las palabras «gordo» y «gusano aburrido». No son de mucho actuar.

La apariencia del Demodex folliculorum es parecida a la de un inofensivo gusanito. Pero en la realidad son ácaros, una subespecie de los arácnidos. Pero no hay por qué preocuparse. Porque a pesar de su parentesco con las arañas, no tienen veneno ni el más mínimo interés en provocarnos un mal rato. Solo quieren consumir la grasa de nuestra piel cutánea y… reproducirse sobre nuestra cara.

Ya que de día, se encierran en los poros para esconderse y alimentarse. Mientras que de noche, mientras uno duerme, ellos salen a tener relaciones con otros de sus pares sobre nuestro rostro. De día se hacen un festín con la grasa cutánea y de noche tienen sexo sobre nuestra cara.


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