Seis remedios médicos más raros de la historia

Te invitamos a descubrir algunos de los tratamientos de enfermedades más sorprendentes

Cuerno de unicornio, aspiraciones de mercurio, curaciones de reyes... La historia de la humanidad está repleta de anécdotas muy curiosas en el ámbito de la medicina. A nosotros, seres humanos del siglo XXI, quizá nos parecen remedios bastante raros y, sin duda, algunos nos sacarán una sonrisa o, por el contrario, nos harán arrugar el ceño con asco. Pero la realidad es que muchos de ellos se usaron sin problema durante siglos, e incluso milenios.

LOS REMEDIOS MÁS EXTRAÑOS DE LA HISTORIA

A continuación, te explicamos en qué consistieron 6 de los remedios más raros de la historia. Prepárate para un viaje del todo sorprendente.


1. SI TIENES SÍFILIS... ASPIRA MERCURIO

La sífilis es una enfermedad venérea que, como tal, se transmite principalmente a través del acto sexual, aunque también puede pasarse de madres a hijos. Durante las primeras décadas del siglo XVI sufrió una virulencia inusitada en Europa, por lo que los médicos empezaron a preocuparse de encontrar un tratamiento para erradicarla.

Los síntomas de la sífilis podían alargarse años, e incluso toda una vida, en la que se alternaban episodios de remisión con un regreso virulento de los síntomas. Estos podían ser realmente dolorosos y, en sus etapas más graves, provocar parálisis y, por supuesto, la muerte. Una de las manifestaciones más claras eran las bubas enrojecidas que aparecían en la piel, para las que empezaron a usarse ungüentos de mercurio.

Pero, probablemente, la terapia más sonada para el "mal de Venus" fueron las "tinas de sudor". Se trataba de cabinas con estufas donde se colocaba a la persona infectada, a la que se obligaba a aspirar el vapor impregnado de mercurio. Por supuesto, eran mayores los efectos nocivos del mercurio que la supuesta curación: los pacientes acusaban dolores agudos de cabeza, caída de dientes, parálisis y convulsiones, debido a la intoxicación. Algunos, directamente, fallecían. La terapia con mercurio (ya fuera por vía cutánea o a través de píldoras y tabletas) se alargó hasta bien entrado el siglo XX, cuando el descubrimiento de la penicilina permitió tratar la sífilis adecuadamente.


2. SANGUIJUELAS Y SANGRÍAS

Aunque parezca mentira, las sangrías se practicaron hasta inicios del siglo XIX. Al principio se usaban sanguijuelas, pero más tarde se empezaron a realizar incisiones en el brazo del paciente, de las que se extraían cantidades de sangre que luego se desechaban. El objetivo de este curioso procedimiento era "extraer" el fluido nocivo que corría por la sangre del enfermo.

El remedio de la sangría obedecía a la teoría de los humores, vigente desde la antigüedad clásica, por la que se creía que la enfermedad era producto de un desequilibrio entre los cuatro humores básicos del cuerpo. Estos humores eran la flema, la bilis negra, la bilis amarilla y, por supuesto, la sangre. Esta última se consideraba la clave para el estado activo del cuerpo, por lo que una persona "sanguínea" era una persona vital y alegre.

Además de por el desequilibrio de estos humores, la enfermedad podía estar causada también por su corrupción, es decir, por la introducción de ciertos "vapores" que envenenaban los fluidos. En este caso, era de vital importancia extraer estas sustancias que estaban perjudicando el funcionamiento del cuerpo. La sangría era, pues, uno de los métodos por los que se creía que los "vapores" sanguíneos se expulsaban del organismo.

Como es evidente, este procedimiento no hacía más que debilitar al enfermo. Sin embargo, existen casos concretos en los que se constató una mejora significativa; probablemente se tratara de cuadros de hipertensión, que se vieron aliviados al disminuir la presión del flujo sanguíneo.


3. LA LOCURA ES UNA PIEDRA Y ESTÁ EN LA CABEZA

Una de las imágenes más famosas de la "piedra de la locura" es la tabla del pintor Hyeronimus Bosch (El Bosco) que nos muestra a un extraño personaje, ataviado con un extraño sombrero que parece un embudo, en el acto de trepanar al paciente; es decir, de abrirle el cráneo.

Durante la antigüedad, autores como Herófilo de Calcedonia (335-280 a.C.) y el insigne médico Galeno (129-216 d.C.) aseguraban que el razonamiento se hallaba en los ventrículos del cerebro. Estas teorías fueron recogidas por la época medieval, y se consideró la "locura" como la manifestación de la presión de los tejidos cerebrales por formaciones minerales extrañas. De ahí la idea de la "piedra de la locura", la responsable de provocar en los seres humanos comportamientos extraños, y la necesidad de extraerla.

Pero la trepanación craneal ha sido una constante en la historia de la humanidad. Los vestigios más antiguos de este tipo de cirugía datan del VI milenio a.C., aunque los estudiosos todavía dudan de si se trata de rituales o de "curaciones" médicas reales, quizá para aliviar la migraña y curar enfermedades mentales. Lo más curioso del caso es que, en algunos casos, y a juzgar por los restos hallados, las personas sometidas a trepanación sobrevivieron unos años a la operación. Eso sí, lo que no sabemos es si el malestar que les había llevado a operarse remitió o, por el contrario, persistió.


4. POLVO DE MOMIA, REMEDIO PARA TODO

¿Te imaginas tragarte restos pulverizados de una momia? Pues a los europeos de los siglos XVI y XVII parecía no importarles. No sólo eso; a partir de los siglos finales de la Edad Media, el consumo de polvo de momia para curar todo tipo de enfermedades se puso tan de moda que desencadenó una auténtica fiebre por desenterrar cadáveres momificados.

Lo más curioso es que esta historia es fruto de una confusión. Porque los viajeros que visitaban Egipto habían confundido la mummia persa (literalmente, "betún") con los cuerpos embalsamados. La mummia era un mineral derivado del alquitrán que, al parecer, tenía la capacidad de aumentar la cicatrización y la curación de huesos rotos; los persas lo usaban en los campos de batalla para tratar las fracturas de sus soldados.

Cuando se corrió la voz de que las "momias" poseían tales propiedades, se empezaron a moler los cadáveres y se enviaron a los boticarios de Europa. En realidad, el problema venía de las sustancias que recubrían los cuerpos, de aspecto semejante al betún persa. Lo más grave fue que, dada la alta demanda, los traficantes empezaron a vender cadáveres "recientes", que hacían pasar por momias egipcias, y que los entusiasmados europeos se tragaban igualmente, sin el menor atisbo de asco o preocupación.


5. EL MEJOR MÉDICO, EL REY

"El rey te toca, Dios te cura". Esta era una de las fórmulas que en el siglo XVI se habían hecho ya muy populares para celebrar el "toque real", es decir, la imposición de manos del rey a un enfermo afectado de escrófula. La costumbre se remontaba, probablemente, a la época carolingia, y adquirió un gran empuje durante los siglos XII y XIII.

Se suponía que el monarca francés o inglés (parece ser que esta curiosa costumbre era habitual en ambos reinos, aunque no se sabe dónde apareció antes), en tanto que ungido por Dios, tenía poder taumatúrgico; es decir, podía curar a sus súbditos. No se trataba de equiparar al monarca con Cristo y su facultad milagrosa, sino que, más bien, el rey representaba un vehículo, un puente que conectaba al enfermo con el poder de Dios.

El mal habitual que los reyes "curaban" era la escrófula, conocida también por ello como "el mal del rey". Se trata de una infección bacteriana que inflama los ganglios del cuello y que generalmente no es mortal, por lo que los índices de curación eran bastante elevados, factor que ayudaría sin duda a avivar la creencia de que el monarca había arrancado la enfermedad de su fiel súbdito.


6. EL BUSCADÍSIMO CUERNO DE UNICORNIO

La impotencia o la inapetencia sexual ha sido una obsesión para el hombre a lo largo de milenios. Como tal, desde antiguo han existido remedios variadísimos para animar los placeres de Venus; podemos citar un sinnúmero de manjares que, supuestamente, avivaban el fuego masculino: crestas y testículos de gallo, ciruelas cocidas, e incluso la humilde lechuga eran considerados potenciadores sexuales, dependiendo de la moda y los usos de cada época.

Pero, probablemente, el ingrediente más sonado (y más buscado) fue el cuerno de unicornio. Para empezar, tenemos un problema: los unicornios no existen, por lo que, a priori, resulta francamente difícil hacerse con uno de sus cuernos. Pero aquí es donde entra en juego la capacidad inventiva del ser humano, sobre todo cuando se trata de hacer negocio.

La historiadora Laia San José propone, en el programa El condensador de Fluzo (TVE) dos posibles soluciones al "misterio" de la gran cantidad de polvo de cuerno de unicornio que llegó a Europa durante la Edad Media, debido a la alta demanda de este producto para curar la inapetencia o la impotencia sexual. Por un lado, podría ser que este polvo se realizara con cuerno de rinoceronte, un animal poco o nada conocido en el continente europeo pero que, sin embargo, era muy apreciado en Asia por sus cualidades curativas. Por otro lado, San José propone una segunda opción, que no es otra que los mismísimos vikingos que, supuestamente, habrían traficado con cuernos de morsa y, más tarde, de narval. La desesperación se lo cree todo, al parecer.