¿Cómo conseguir ser feliz?

Una reflexión sobre la felicidad y todo lo que implica en la gestión de las emociones

Hay un momento en el proceso de coaching en el que los clientes se enfrentan con una pregunta simple pero profunda: ¿De qué quieren más en su vida? ¿Cuál es la meta?

Esa pregunta es seguida por un momento de silencio, de una respiración profunda, un re-acomodarse en la silla, mover la cabeza de un lado a otro, y finalmente la liberación de las palabras: "solo quiero ser feliz..."

¿Te resuena? Porque a mí sí. Es tan atractivo... sin embargo, debo decirte, es una afirmación que viene acompañada de algunos matices que merecen una pausa reflexiva. Veámos.


¿QUÉ PASA CON QUERER SER FELIZ?

Cuando expresas en voz alta "quiero ser feliz", optas por ponerte un tipo específico de anteojos para contemplar la vida: estas seleccionando una perspectiva para interpretar experiencias y orientar tus decisiones.

Pongamos algunos ejemplos. Imagina una persona cuya meta es ser feliz. Entonces, ¿qué elige comer esta noche?, ¿cómo aborda los problemas escolares de su hijo? ¿Cómo enfrenta una conversación difícil en el trabajo? ¿cómo gestiona el duelo? ¿cómo toma decisiones difíciles?

Con estas preguntas, intento que te pongas en situaciones cotidianas que requieren respuestas que no solo se encuentran dentro del espectro de la perspectiva de "quiero ser feliz". Al adoptar esa "mono perspectiva", podríamos decir que se decide ignorar todos los colores de la vida y por tanto limitar las experiencias disponibles en ella.

La invitación es entonces a reconocer que la vida ofrece un campo de visión mucho más amplio del que se puede apreciar cuando se pone a la felicidad como objetivo. El verdadero trabajo, comienza al ampliar el rango de visión: dejar de lado los anteojos que enfocan la felicidad como meta y explorar nuevas posibilidades que nutran las experiencias de vida, tanto las agradables como las desafiantes.


EL CAMBIO DE PERSPECTIVA

En primer lugar, se necesita un cambio de perspectiva o un cambio de paradigma: la felicidad no es una meta, es una consecuencia.

Es posible que hayas escuchado esta premisa en alguna ocasión, no obstante, es algo que debemos continuar practicando y recordando: la felicidad se manifiesta como resultado de acciones que tienen un significado profundo para nosotros, no como un objetivo en sí mismo.

Citando a Viktor Frankl, pionero de la logoterapia o terapia del sentido en la vida: "La felicidad no puede perseguirse; debe sobrevenir. Uno debe tener una razón para ser feliz."

Estas razones, según Frankl, se encuentran al honrar nuestros valores, es decir, aquellas cosas que son fundamentales para nosotros y que expresamos en nuestras acciones, relaciones, entorno y lo que compartimos con los demás.

Cuando nuestras acciones están alineadas con nuestra auténtica identidad, es probable que experimentemos satisfacción y realización, incluso en momentos difíciles.

Tomemos un ejemplo aún reciente, recuerda tus experiencias durante la pandemia, vas a encontrar muchas decisiones que tomaste, algunos sacrificios probablemente, pero ahora, desde cierta distancia, ya te es posible reconocer aprendizajes que te siguen infundiendo energía para seguir adelante.

RECURSO PRÁCTICO: DA ESPACIO AL AUTOCONOCIMIENTO

La complejidad de desmontar creencias arraigadas requiere valentía y perseverancia, pero el proceso puede ser profundamente transformador, por lo que te invito a pasar a la acción con un simple ejercicio de autoconocimiento.

Haz espacio para ti mismo, disminuye los estímulos y adéntrate en un diálogo contigo, sin juicios, permitiendo que la curiosidad sea tu guía. Toma papel y lápiz. Escribe como título de la hoja, lo que me importa, luego haz una lista respondiendo a este par de preguntas ¿Qué te hace vibrar? ¿Qué te apasiona?

Ahora, toma un nuevo papel y escribe por título, lo que hago. Observa tu día a día. Puedes buscar tu agenda y responde las siguientes preguntas ¿Cuánto tiempo dedicas a esas actividades que son genuinamente importantes para ti? ¿Es suficiente? ¿O hay oportunidades para priorizar lo que te llena de significado?

Te animo a comprometerte con pequeñas acciones que te acerquen a esa congruencia entre tus valores y tu vida diaria. Podría ser dedicar un tiempo específico a una pasión, establecer límites saludables o explorar nuevas experiencias.

Ten paciencia, cada paso te lleva a una conexión más profunda contigo mismo y a una vida más plena donde puedas conectar con momentos de felicidad y sentido, como estados estables en tu estado de ánimo y no, como una meta inalcanzable.