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Viaje al ojo del cráter; lideran investigación 3 mexicanos

En Yucatán se desarrolla una de las exploraciones con mayores expectativas en el mundo de la geología para desentrañar los secretos que dejó la caída de un asteroide

  • Por: EXCÉLSIOR
  • 11 JUNIO 2016 - 08:08 a.m..
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CHICXULUB. Al término de la expedición internacional se habrá recolectado del fondo marino ocho toneladas de muestras de roca que se trasladarán a la Universidad de Bremen, en Alemania, para continuar con sus análisis y estudios.

CIUDAD DE MÉXICO.

La investigación se llama Misión 364. La Gran Expedición al Cráter y en ella  participan tres científicos mexicanos, quienes forman parte de un grupo de 30 investigadores de varios países que buscan desentrañar los secretos que guarda en el fondo del mar el cráter de Chicxulub, en Yucatán, desde hace 66 millones de años.

Se trata del investigador y académico de la UNAM Jaime Urrutia, de Mario Rebolledo, del Centro de Investigación Científica de Yucatán, y de Ligia Pérez Cruz, investigadora del Instituto de Geofísica, también de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Además participan 30 científicos de Estados Unidos, China, Japón y de seis países europeos.

La ambiciosa investigación, que cumple ya un mes y que tiene un costo de 10 millones de dólares, tiene como objetivos hallar más claves para explicar la extinción masiva que trajo a la Tierra un asteroide hace millones de años y determinar cómo resurgió la vida después de ese evento.

También cómo fue el paso de Paleoceno al Eoceno, con un calentamiento global de uno a dos grados, que implicó la desaparición de 75% de las especies o la última extinción masiva en la tierra y sentó las bases para la llegada de los mamíferos.

Por primera vez, una investigación se enfoca en el área marina del cráter Chicxulub, palabra que proviene del maya chac-xulub-chen y que significa “el pozo del diablo”.

De hecho, es la primera vez que se estudiará un cráter multianillo en el mar. el cráter Chicxulub fue descubierto en 1978, durante exploraciones para detectar petróleo.

El impacto del asteoride, hace 66 millones de años, produjo el boquete de 200 kilómetros de diámetro, prácticamente la mitad bajo el agua y otra bajo la península de Yucatán, y se le vincula con la extinción de los dinosaurios.

“El avance es bueno, vamos como a 800 metros de perforacion ya dentro del cráter en las secciones de brechas y unidad del anillo de picos.

“El proyecto es parte de los estudios que estamos realizando desde hace varios años y en los que en la UNAM hemos tenido el liderazgo”, cuenta Jaime Urrutia.

“Llevamos 12 perforaciones y tenemos los núcleos en los laboratorios de la UNAM. Llevamos a cabo este proyecto en colaboracion con verios grupos y el equipo a bordo de la plataforma es limitado a 12 investigadores, entre ellos Ligia Pérez Cruz y Mario Rebolledo. Ligia es la responsable del laboratorio de geoquímica a bordo”, añade.

Jaime Urrutia se refiere a la plataforma Myrtle Clase 245, que se trajo desde Estados Unidos y con la cual se pretende llegar a mil 500 metros de perforación en dos meses.

Los científicos de la UNAM han realizado otras perforaciones, pero en tierra, por lo que es la primera vez que trasladan una plataforma a 37 kilómetros de la costa yucateca, a la altura de Puerto Progreso.

 “Se van a extraer básicamente rocas. Los científicos que participamos tenemos diferentes intereses, pero una parte está relacionada con la vida, después del impacto cómo tuvo consecuencias muy fuertes por el oscurecimiento y el colapso, por eso se extinguió, además de los dinosaurios, 75% de la biodiversidad.

“Lo que queremos ver es cuándo ocurrió la recuperación de la vida, cómo se recuperó, cuáles fueron las primeras formas de vida después del impacto, si fueron simultáneas o graduales”, explica Ligia Pérez Cruz.

Ante protestas y reclamos por el proyecto, la investigadora descartó que estas perforaciones dejen daños.

“El daño de este tipo perforaciones, por su naturaleza, no impacta al medio ambiente. Claro, el hecho de tener un tubo perforando el medio ambiente va a generar cierta perturbación muy localizada probablemente de piso marino, porque se rompe, pero no estamos hablando de daño al ecosistema, no estamos hablando de ningún tipo de mediciones que pudieran dañar a la flora y la fauna y menos a las pesquerías”, afirma.

“Lo que respalda el poder tener la misión aquí es el soporte académico y que este cráter se convierte en un gran laboratorio para la humanidad”, destaca a su vez Raúl Godoy, titular de la Secretaría de Investigación, Innovación y Educación Superior de Yucatán.

Con información de Flor Castillo

Jaime Urrutia Fucugauchi

Es ingeniero geofísico por la Facultad de Ingeniería de la UNAM. Miembro del Colegio Nacional.Presidente de la Academia Mexicana de Ciencias.Entre los cargos que ha desempeñado están el de jefe de Departamento de Geomagnetismo y Exploración y del Laboratorio de Paleomagnetismo. Profesor de la Facultad de Ciencias, de la Facultad de Ingeniería.Ha participado también en el programa de Posgrado en Ciencias del Mar y Limnología.

Ligia Pérez Cruz

Es doctora en Ciencias (Oceanografía Geológica) por la UNAM.Secretaria de Difusión de la Unión Geofísica Mexicana, A.C. (noviembre 2011–noviembre 2015). Integrante de la Organization for Women in Science for Developing World (a partir de 2008).Miembro del Cowen Award Committee (2008-2010; 2011-2012 y 2013-2014). American Geophysical Union. Posgrado en Ciencias del Mar y Limnología, también en la máxima casa de estudios.

Mario Rebolledo vieyra

Especialista del Centro de Investigación Científica de Yucatán.Se ha desempeñado como Investigador en la Unidad de Ciencias del Agua del mismo centro de estudios.Durante la especialización para acreditar el doctorado se dedicó a investigar los efectos del impacto que generó el cráter de Chicxulub. En diez años se ha especializado en estudiar las particularidades de ese fenómeno natural en la península de Yucatán.

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