Un vino para la pizza, el sándwich o la hamburguesa

Caldos y comida rápida, una relación nada complicada

Perrito caliente: un blanco que refresque

“Suele llevar salsas y encurtidos, por eso le iría bien un blanco con cuerpo, con un toque de barrica y acidez equilibrada para que pueda compensar la acidez del vinagre y refrescar la boca. Una uva garnacha blanca de suelos pizarrosos de Cataluña, por ejemplo, sería ideal”, aconseja Boise.

Hamburguesa: fresco y antigrasa

Como aclara Boise, “las hamburguesas parecen una opción poco saludable, sin embargo, elaboradas con productos de calidad se transforman en un plato rico que se puede maridar con el vino adecuado”. ¿Y cuál es? Para una hamburguesa clásica con queso, elegiría un tinto sin barrica, servido ligeramente más frío, a unos 14 ºC. Otra opción sería la que ofrece el sumiller de Mugaritz.

Pizza: directo de Italia

“Este es el ejemplo perfecto que demuestra que en la sencillez se puede encontrar un gran placer culinario”, comenta Boise. “Los ingredientes tradicionales de la pizza nos transportan directamente a Italia para disfrutar de un refrescante Prosecco di Valdobbiadene. Tiene una burbuja muy fina y delicada y poco grado alcohólico, pero, sobre todo, es un caldo que en boca sabe adaptarse a una multitud de sabores, precisamente lo que ocurre con las innumerables recetas de pizzas cada vez más creativas”.

Alitas de pollo fritas: con un toque especiado

¡Atención! Aquí es muy importante, como dice Cavero, contrarrestar la grasa de la fritura. “Nuestros aliados para conseguirlo serán la acidez y lo carbónico. En este caso, las alitas combinarán estupendamente con un espumoso ecológico”, recomienda la sumiller. Boise pone también el toque de atención en el sabor para ampliar la oferta: “Las alitas pueden llevar salsa barbacoa, muy golosa y rica. Los vinos tintos de garnacha tinta, con toques especiados, de cuerpo redondo y estructurado, podrían ser una gran alternativa, ya que son capaces de aguantar y asimilar las especias y salsas picantes”.

Papas fritas de bolsa: de Jerez a ‘txakoli’

“Un vino de Jerez es perfecto con cualquier producto ligeramente salado. Particularmente soy muy fan de cualquier Bota de Fino o Manzanilla del Equipo Navazos”, confiesa Cavero. “La sal es la clave de las patatas. Es la que hace que después de unos bocados el paladar nos pida algo ácido, cítrico e increíblemente refrescante: el txakoli (vino blanco que se produce en el Norte a partir de uvas verdes)”.

Palomitas de maíz: lo que importa es la pantalla

“Con una buena película, cualquier vino funciona”, dice con una sonrisa Cavero. También podemos 

decantarnos por una alternativa realmente sofisticada, como la que defiende Boise: “Las palomitas son todavía más ricas con champaña. Si son dulces, el sabor caramelizado le va de maravilla”.

Nachos con guacamole: un rosado ligero

Para acompañar a este popular plato del recetario azteca Chivite pediría “un rosado, ligerito, porque al final el guacamole es una receta informal que se come con las manos”.

Sushi: brindis con champán

“Sin duda, un Chardonnay, por su sutileza. Y si quieren celebrarlo a lo grande, prueben con un Blanc de Blanc, un champán con un 100% de esta uva”, recomienda Fernando Chivite.

Sándwich mixto: un blanco humilde

Un clásico de barra de bar que siempre vemos de la mano de un refresco o una cerveza, “pero un vino blanco sin pretensiones hace buenas migas con el más humilde de los emparedados”, asegura Chivite.

‘Brownie’: siempre moscatel

El que piense que solo pueden maridarse con vino los postres con ínfulas y un poquito decadentes, se equivoca. ‘Un brownie va de fábula con una copa de Pedro Ximénez. Riesgo cero, de verdad”, asegura Chivite.