Une Trump a los mexicanos en Estados Unidos

Los ataques del republicano han desatado el interés de mexicanos de obtener la doble ciudadanía para frenar su llegada a la Casa Blanca mediante las urnas

CHICAGO.

Centenares de compatriotas acudieron al Consulado de México el pasado sábado 19 de marzo para emprender sus trámites de ciudadanización estadunidense en los talleres que ahí comenzaron a impartirse con el propósito de asesorar a los interesados. 

La convocatoria rebasó las expectativas, al grado de que las citas programadas se extenderán hasta los siguientes cinco sábados —28 de marzo, 2, 9, 16 y 30 de abril—, cuando continuará desplegándose el proyecto "Juntos Podemos en Chicago".

Es la respuesta de la comunidad migrante a la campaña de racismo de Donald Trump. Esta vez, quienes han adquirido el derecho a ser ciudadanos están dispuestos a romper con el sentimiento de traición que, entre los mexicanos, ha tenido históricamente la idea de asumir la nacionalidad americana.

En la convocatoria participan activistas, voluntarios y abogados de la Coalición por los Derechos de los Inmigrantes y Refugiados en Illinois (ICIRR), el Consulado de México, el Consejo Hispano de la Arquidiócesis, el Instituto del Progreso Latino y  federaciones de clubes (Michoacanos en Illinois, Guerrerenses, Veracruzanos, el Instituto de los Guanajuatenses, Durango Unido y Chihuahua).

La campaña para favorecer la doble nacionalidad es parte de una estrategia encaminada a transformar el poder numérico y económico de los mexicanos en el poder político.

"El Trompas ha logrado lo que el corazón nos impide hacer. Porque tomar la ciudadanía estadunidense es una cosa que duele mucho. Y es algo que hay que superar", afirma Artemio Arreola, director de ICIRR.

Al frente de la Casa Michoacán, el activista celebra la suma de esfuerzos y "el giro de 360 grados del gobierno mexicano" al respaldar el proceso de ciudadanización.

"Era un tema intocable. Pero el cambio no ha venido solo. Han sido años y años de presión", afirma Artemio.

Su esposa, Rosa Arreola, lamenta vivir este momento de temor e impotencia. Nunca lo había experimentado en sus más de cinco décadas en EU. Le duele doblemente, dice, porque ella siempre ha sido republicana. "Hoy no podemos votar por quien nos patea", aclara.

La conversación transcurre en el restaurante Manjares —de comida guerrerense—, donde Jaime di Paulo, director ejecutivo de la Cámara de Comercio de La Villita —zona comercial mexicana— lamenta el escaso poder político que la comunidad tiene, pese a constituir 25% de la población. "Sólo tenemos 2% de las autoridades", señala.

Esta baja representatividad se relaciona con la resistencia de los compatriotas a asimilarse a la política de EU. "No puedo convencer a mi hermano de hacerse ciudadano. Le han dicho que es como escupir la bandera de México", confiesa Carmen Paniagua, promotora comunitaria.

En promedio, los mexicanos tardan diez años en gestionar la ciudadanía. Los chinos y los centroamericanos lo hacen justo al cubrir la residencia requerida.

La coyuntura Trump está desencadenando la concientización de que ha llegado el momento de darle votos a la fuerza económica y cultural de los mexicanos.

Trump está sacando a la gente de la apatía electoral y del enfrentamiento interno.

Así lo consideran los impulsores de esta iniciativa, quienes confían en que ésta es la forma de demostrarle al republicano el alcance de las contribuciones de los mexicanos a este país.

"La incertidumbre de lo que viene en las elecciones y la posibilidad de que vengan restricciones a la residencia permanente ha generado esta reacción. No sabemos qué va a hacer este Trompas. Por eso es que ahora sí se quieren hacer ciudadanos", resume Arreola.

LA COALICIÓN IMPULSORA

La Coalición por los Derechos de los Inmigrantes y Refugiados en Illinois (ICIRR) se dedica a promover los derechos de los migrantes y refugiados para fortalecer la participación cívica, cultural, social y política de sociedades con orígenes diversos.Entre las actividades de la Coalición, se encuentra proporcionar información a los migrantes y refugiados en relación con sus derechos y garantías, apoyarlos en la obtención de la ciudadanía estadunidense y agilizar su inserción en la actividad cívica y política de la nación norteamericana.La Coalición por los Derechos también se encarga de monitorear y analizar el tema migratorio, para proveer de información al público en general acerca de las contribuciones que realizan los migrantes y refugiados en diversos rubros de Estados Unidos, tales como la economía, la educación y la política, entre otros.CONVOCAN A 350 MIL

Organizaciones convocan a la comunidad a buscar la ciudadanía estadunidense para votar en los próximos comicios presidenciales. 

“Para que alcances a votar en las elecciones presidenciales 2016, HAZTE CIUDADANO ¡YA ES HORA!".

Así se lee en uno de los volantes que se distribuyeron entre los mexicanos para motivarlos a emprender su proceso de ciudadanización.

Arturo González es uno de los responsables de impartir el taller en el Consulado de México en Chicago, "la respuesta ha sido enorme, increíble. Tuvimos que dar citas para nuevos talleres en abril. Los mexicanos queremos poder votar y hacer la diferencia".

Impulsado por la Fundación Juntos Podemos, de la que Josefina Vázquez Mota es presidenta honoraria, el proyecto Together we can busca acompañar el proceso de ciudadanización mediante la asesoría legal, el financiamiento de una parte o de la totalidad del trámite y la realización del mismo.

Vázquez Mota destacó el rol que desempeña el consulado a cargo de Carlos Jiménez Macías, en donde participan diferentes organizaciones. "Esta cruzada por la ciudadanización ha convocado a más de 350 mil mexicanos en talleres realizados en diversas ciudades de EU", destacó la excandidata presidencial.

La excandidata presidencial confió en que esta coyuntura provocará en los próximos cinco años un cambio de fondo al acrecentar el peso político de los mexicanos en Estados Unidos.

"Este discurso de odio ha provocado una movilización que no veíamos hace décadas en la comunidad hispana. Es una obligación y un deber estar más unidos que nunca", expuso la también extitular de Sedesol y de la SEP.

“RACISTAS APOYAN CANDIDATURA”

George Cárdenas es concejal (alderman) del Distrito 12 de Chicago y uno de los principales liderazgos hispanos en esta ciudad.

Del Partido Demócrata, suma ya 16 años en ese cargo. En su última reelección sorprendió a sus competidores al protagonizar una alianza ganadora con una lideresa de la comunidad china, creciente en su territorio.

Procedente de Durango, cruzó el río Bravo con sus padres y seis hermanos en 1979. Tres años después adquirieron la naturalización estadunidense. Eso le permitió realizar estudios en la Armada y formarse profesionalmente.

Concejal —una especie de regidor que participa en la legislación local y que ejerce presupuesto— de un distrito donde cohabitan americanos, mexicanos y chinos, Cárdenas ahora trabaja en una campaña contra mensajes denigrantes hacia las mujeres.

Ligado desde siempre a la agenda a favor de los migrantes, el alderman del Distrito 12 considera que el fenómeno de Donald Trump debe entenderse como una expresión del racismo que se presenta en políticos estadunidenses de todos los signos.

Alerta que muchos de su partido ya piensan cambiar para cruzar un voto a favor del republicano.

"Y si este tipo es el nominado por el partido, se va a desatar un desastre", prevé Cárdenas, "porque la base republicana no lo quiere, pero los racistas que han permanecido escondidos sí".

Sin solemnidad, el concejal comenta que le entusiasma el discurso a favor de la educación de Bernie Sanders, el precandidato demócrata. "Pero un inmigrante, con la experiencia de ser por sí mismo, no puede ser socialista", aclara.

De manera que va con Hillary Clinton. Aunque lamenta su falta de dinamismo. "Es muy talentosa. Pero el carisma se lo llevó todo su esposo", bromea.

De la participación política de la comunidad mexicana, comenta que aún falta que sea una cultura permanente, activa, sin miedo al ruido. "Hay que hacer ruido, porque de lo contrario sufre nuestra gente", advierte.

“NECESITAMOS PODER POLÍTICO”

El director ejecutivo de la Cámara de Comercio de la Villita, Jaime Di Paulo, recuerda que en Chicago hay 1.8 millones de compatriotas, por lo que es la quinta ciudad con más mexicanos, después de la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Los Ángeles.

“Tenemos que asegurarnos de contar con poder político en las comunidades donde vivimos para que nuestros hijos tengan un buen futuro. Somos el 25% de la comunidad. Necesitamos un Nelson Mandela mexicano”, plantea.

Recuerda con pesar que Chuy García, nacido en Durango, estuvo a punto de convertirse en alcalde y que se quedó con 43% de los votos, en unas elecciones en las que los mexicanos se dividieron. 

“Debemos juntarnos todos y empujar la agenda de los mexicanos. Ahora sólo nos tiran migajas. Y es hora de ir por el pastel completo”, afirma.

La Little Village Chamber of Commerce es la octava cámara de comercio más grande de la población hispana en EU, cuenta con 800 miembros que pagan sus anualidades y es la segunda entrada de impuestos de la ciudad, después de la calle Michigan.

La emblemática Villita es la vialidad donde se concentran los negocios de los mexicanos, quienes con sus contribuciones fiscales aportan cada año arriba de 900 millones de dólares a la ciudad.

Ahí operan 110 restaurantes, tiendas de quinceañeras, chaparritos, venta de tamales, frutas y, por supuesto, expendios de “nostalgia”.

Con más de cuatro décadas de historia, La Villita es espacio de compatriotas de todas las condiciones migratorias y económicas.

“Podemos demostrar que todo lo que dice Trump es una tontería: tan sólo en dos millas y media se generan cinco mil empleos. Pagamos impuestos y contribuimos a la economía”.

Para Di Paulo, el republicano “está despertando a los que nunca habían votado, a quienes siempre han estado en contra de la igualdad social”.

“ME DA MIEDO VER QUE ES COMO HITLER”

Rosa Arreola llegó a los siete años de edad a Chicago, es una destacada activista de Illinois Coalition for Immigrant and Refugee Rights.

“Soy la cuarta generación viviendo en Estados Unidos. Nunca se había visto esto. A mí sí me da miedo, porque Estados Unidos para nosotros ha sido respeto y honradez.

“He conocido muchos principios: la disciplina y el respeto. Pero ahora sí me da miedo de ver lo que, como pasó con Hitler, que andaba detrás de los judíos, este hombre (Donald Trump) esté contra los mexicanos. Y en realidad no vemos hasta dónde pueda llegar todo esto”.

Le preguntamos si confía en que aún es posible que los estadunidenses logren frenar a Trump.

“Realmente no lo sé. No sé”, responde al dar cuenta de la incertidumbre que ahora protagoniza en Estados Unidos la comunidad de mexicanos, una población que asciende a los 35 millones.

De ese total, 23 millones nacieron en EU; 18 millones ya son ciudadanos estadunidenses, y 2.6 millones están en condiciones de convertirse en ciudadanos norteamericanos.

Según Arreola, 83% cuenta con alguna condición legal migratoria.

Dentro del 17% de los mexicanos que están en situación de indocumentados, destacan los denominados dreamers, jóvenes que llegaron siendo niños y que ahí han realizado sus estudios y su vida profesional.

Se calcula que los dreamers ascienden a 11 millones, y son quienes se encuentran siempre en riesgo de una eventual deportación.

A Rosa ése es el grupo que más le preocupa. Algunos de sus rostros se han pintado sobre los muros de la Casa Michoacán, atendida por ella y su esposo, Artemio Arreola.

“Vamos a cubrir las paredes con  imagénes de nuestros dreamers”.

Y nos recuerda lo mucho que la ofenden los términos paisano e ilegales. “Somos conciudadanos, compatriotas”, corrige.

“SER MEXICANO NO ES UN PAPEL”

Artemio Arreola reivindica los derechos políticos de los compatriotas que aquí radican en su doble vertiente: como actores que contribuyen al desarrollo de Estados Unidos y como migrantes, siempre ligados a México.

Habla de la importancia que en este proceso tiene el reconocimiento, en 1996, “de ésa gran lucha, para que no perdiéramos nuestra nacionalidad cuando adquiriéramos la ciudadanía estadunidense”.

Director de la Coalición por los Derechos de los Inmigrantes y Refugiados en Illinois (ICIRR), señala que “ese destrabe” —efectivo hasta 1998— apenas tiene 12 años de haberse dado, situación que explica el bajo poder político que la comunidad tiene.

“¡Por eso no podemos votar! Y es que la gente con 30, 40, 50 años de residentes permanentes no se han hecho ciudadanos. El ser mexicano no es un papel. Y aunque uno les diga que no van a dejar de ser mexicanos, les cuesta desprenderse”.

A su juicio, esta situación ha retrasado el empoderamiento político de la comunidad en EU.

Y, simultáneamente, señala, el reconocimiento del Estado mexicano del derecho a votar y ser votado también ha sido tardío. “Ha sido un proceso lento y burocrático, tan caro que a nosotros nos da vergüenza. Dicen que el IFE costó billonadas de dinero y nunca vimos una publicidad.

“No hacen nada, pero reportan miles de millones de pesos. Nos dieron el carro, pero no la llave”, cuestiona en alusión a que hasta ahora se efectúa la credencialización en el exterior.

El también protagonista de las protestas de 2006 en contra de iniciativas que buscaban criminalizar la inmigración indocumentada lamenta que en México aún no se haya concretado el derecho de los migrantes a ser votados y formar parte del Congreso.

Arreola también cuestiona la desatención de los dreamers, jóvenes que “ni son de aquí ni son de allá”, y hacia hijos de compatriotas que nacieron en EU y que se asumen mexicanos.