Es mixteco pero adopta el acordeón

A sus 75 años, ya más cerca de su ocaso, arranca notas y obtiene el sustento para su familia

De 75 años de edad, más cerca del ocaso de su vida que de un futuro promisorio, don José Martínez, indígena mixteco, recorre las calles tocando su acordeón bajo la canícula reynosense. 

No puede pensar en un día de descanso porque de su trabajo dependen para sobrevivir tres menores, uno de ellos discapacitado.

Todos los días, de mañana y de tarde, hasta entrada la noche, don José deja escuchar las notas que arranca a su acordeón. 

Su hijo discapacitado, de 17 años, lo acompaña en sus recorridos.

No puede dejarlo solo en casa porque su esposa, doña Margarita, también sale a la calle para vender productos artesanales.

Cada determinado tiempo don José y su esposa vienen de su pueblo enclavado en la Mixteca oaxaqueña, en el municipio de Huajuapan de Leon.

 Allá se quedan sus otros  dos hijos, de 10 y 12 años, al cuidado de unos familiares. 

Casa 20 días les envían mil pesos, a veces menos, para su subsistencia y para que no falten a la escuela.

En Reynosa permanecen tres meses y a veces más tiempo. Luego regresan a Oaxaca para estar con sus hijos, para que no se pierda el calor de hogar y la convivencia.

El matrimonio mixteco carga con Juanito para dondequiera que va, porque en el pueblo no hay quien le pueda dedicar el tiempo, cuidado y paciencia que el adolescente necesita debido a su discapacidad.

Juanito, el primogénito, quien por cuestión generacional de usos y costumbres indígenas era el indicado para velar por el bienestar de sus padres cuando estos sean ancianos, no podrá cumplir con ese rol.

Don José no reniega ni lamenta esa situación, al contrario, está decidido a cuidarlo hasta donde le den sus fuerzas, que cada año que pasa menguan.

Orgulloso de su hijo Juanito, a quien ama sobre todas las coas, don José no cambiaría por nada cada minuto que pasan juntos, en armoniosa convivencia. 

Lo único que lamenta es que no podrá cuidarlo por muchos años, pero para entonces sus otros hijos menores ya habrán crecido y cuidarán de su hermano mayor, cuando don José entregue tributo a la madre tierra.

Don Jose es un ejemplo de amor paterno, en ningún momento se despega de su hijo Juanito. 

Lo cuida como un preciado tesoro, que no le falte sustento y comprende hasta el mas leve gesto del menor, quien en ocasiones marca la pauta para que permanezcan o se retiren del lugar donde don José atrae al público con el acordeón.

Cuando Juanito está inquieto, aburrido o simplemente porque ya se quiere ir, regresan al pequeño cuarto que rentan en 600 pesos, por el rumbo de la Central Camionera.

Duermen en petate, recientemente compraron un anafre para poder cocinar en casa y ahorrar unos cuantos pesos.

Pesos que para don Jose y su esposa son muchos tomando en cuenta que ganan un promedio de 100 a 200 pesos diarios cuando les va bien: Ella con la vendimia ambulante y don Jose de las aportaciones del respetable público.

La vida es difícil para don José, de figura débil, de rostro curtido, cincelado por las carencias, pero no se rinde. 

Como todos los de su raza don José no pide tregua a la vida, porque para él nunca ha habido otra mejor forma de vida. Él nunca a vivido con holgura y comodidades; él sobrevive.

Cuenta don José que en su comunidad elaboraba sombreros artesanales que eran poco apreciados por la gente de la ciudad y mal pagados. Eso ocurría en todas las poblaciones grandes más cercanas.

Apenas le quedaba una ganancia de dos a tres pesos por sombrero.

“Fabricaba” uno o dos sombreros por día ya que su elaboración artesanal es muy laboriosa. Cada semana salía a venderlos.

Hace 30 años un amigo le propuso que aprendiera a tocar el acordeón y se fuera a las ciudades para tocar en las calles, que ahí ganaría más dinero que tejiendo sombreros.

Después de mucho pensarlo don José decidió lanzarse a la aventura. Consiguió a como pudo un acordeón de segunda, muy usado, en pagos, y puso manos a la obra.

Así, de manera autodidacta, surgió el músico que don José llevaba dentro. En pocas semanas, acordeón en pecho, ya estaba en camino hacia la primera ciudad.

EJEMPLO DE TRABAJO

Tiene tres hijos.

 Uno, de 17 años, discapacitado.

 Su esposa Margarita vende artesanías.

 Sus otros dos hijos de 10 y 12 años se quedaron en la Mixteca, Oaxaca.