Escenas de películas donde no apartar la vista es un reto

“Pieles”, “Salvar al soldado Ryan”, “Funny Games” o “Réquiem por un sueño” desafían la tolerancia de un espectador que no sabe dónde mirar

“LA PASIÓN DE CRISTO” (2004) 

“Aquel que vivió, murió y resucitó por nosotros” es un mantra bastante abstracto que los católicos escuchamos una y otra vez de pequeños. Incluso nos acostumbramos a las terroríficas estampas de figuras crucificadas, ensangrentadas y con el corazón espinado saliéndose de su pecho. Pero otra cosa es verlo en movimiento. Menudo calvario, y menuda decepción debe de estar sintiendo Jesucristo con nosotros. 


“EL ATAQUE DE LOS CLONES” (2002) 

La típica conversación entre enamorados adolescentes que acaba concluyendo que “las dictaduras no son tan malas si funcionan”. George Lucas debe de llevar sin salir de su rancho desde 1983, porque no tiene ni idea de cómo habla la gente normal. Tampoco ayuda que Hayden Christiensen recurra al gesto del perro con mirada aviesa de ‘Los Simpson’ cuando quiere sacar a pasear su lado oscuro, pero Padme no parece demasiado preocupada por la alegría con la que su novio habla de holocaustos y se pone a corretear por el prado, mientras él galopa a lomos de los peores efectos visuales del siglo XXI. Este romance aséptico en medio de una pradera de lirios sólo dura dos minutos, pero años después la saga ‘Crepúsculo’ construyó cuatro películas enteras en torno al concepto. 


“FUNNY GAMES” (1997) 

Cualquier escena de esta película escogida al azar es un ejercicio de ensañamiento contra el espectador, pero hay una concreto, quizá la más inofensiva, que nos cuesta mirar sin apartar la vista para darnos tregua a nosotros mismos. La familia recibe la visita de un par de muchachos educados y amables que les piden huevos. El espectador tiene por tanto ventaja sobre los personajes, pero ojalá no la tuviéramos, porque durante ese eterno diálogo en el que al asesino se le caen los huevos y empieza a exigirle otros dos al padre de familia.


“RÉQUIEM POR UN SUEÑO” (2000)  

No llega a 15 minutos, pero parece una eternidad. La caída paralela a los infiernos de los cuatro personajes, destruidos por las drogas de cuatro maneras distintas, desafía la tolerancia del espectador. Pero el desasosiego que genera no es intelectual, ni siquiera emocional: ‘Réquiem por un sueño’ torpedea directamente contra el alma. Si tienes aprensión a las agujas, el plano de Jared Leto inyectando heroína en el boquete casi engangrenado de su brazo te hará descubrir un nuevo nivel de repulsión. La película se acaba, pero el trauma se ha quedado contigo para siempre.


“CARRIE” (1976) 

Marginada, humillada y condenada a una vida (y una muerte) dantescas, Carrie vive el único momento feliz de su vida cuando es proclamada reina del baile por sorpresa. Lo retorcido es que el espectador sabe que todo es una pantomima cruel, una trampa que va a acabar mal pero no como los cabrones de ese instituto esperan. Recomendamos detener la película justo antes de que la desalmada de Norma le hace la señal a su novio (John Travolta) para que tire un cubo de sangre de cerdo encima de la pobre Carrie. Es trampa, pero al menos nos quedamos con ese regusto feliz, porque en la vida no se pueden parar las desgracias, pero en la televisión sí.


“EL CIEMPIÉS HUMANO” (2009) 

¿Pero qué clase de mente humana da con esta premisa? Un científico loco (según el cine, no hay otro tipo) secuestra a tres turistas y les cose la boca al ano del otro creando, efectivamente, un ciempiés humano en el que todo lo que entra por la boca del primero sale por el ano del tercero. Tom Six, el director que por alguna razón no vive internado en un psiquiátrico, no les contó a los productores este detalle de la trama pero el éxito de ‘El ciempiés humano’ dio lugar a dos secuelas. Los fans y espectadores casuales de la trilogía, al acabar, suelen iniciar un debate espeluznante: ¿en qué posición preferirías estar?


“SALVAR AL SOLDADO RYAN” (1998)

Uno no sabe dónde mirar. Están pasando demasiadas cosas a la vez, y ninguna agradable. El desembarco de Normandía rodado en 24 minutos de caos, desmembramientos y ningún tipo de justicia poética. La guerra pura, esa que solo conocemos por estadísticas abstractas, se volvió humana en este prólogo que incluye a un soldado quitándose el casco para admirar su suerte y recibiendo un tiro en el cráneo inmediatamente; y un soldado que arrastra a su compañero como un héroe de película hasta que el plano se abre y descubrimos que en sus manos solo queda una cabeza y un torso. Da igual que apartes la vista, porque cuando vuelvas a mirar a la pantalla solo habrá más desolación esperando. Como en la guerra.